lunes, 16 de julio de 2012

Las apariencias engañan: Capítulo 6.

¡Hola, soñadores! Hacía mucho que no publicaba nada por aquí, bueno al menos a mí me ha parecido mucho tiempo xD La cosa es que últimamente me despisto, me pongo a hacer otras cosas y al final nunca escribo, de ahí que no haya subido nada en la última semana. Pero prometo intentar sacar más tiempo para escribir, lo hago más por mí que por vosotros que ya estoy cansada de no poder sacar tiempo para escribir por tener otros proyectos que hacer. En fin os dejo por aquí el capi 6. En capítulos más adelante voy a "experimentar" una cosa que se me ha ocurrido para esta historia e intentaré darle un giro inesperado.


Capítulo 6

Annie por fin se calma, entonces se da cuenta de que su pelo mojado le está mojando la camiseta. Se da la vuelta y mira hacia la casa en la que estaba hace tan solo unos minutos; se da cuenta de que se ha dejado la toalla. Se le ha caído mientras corría hacia el banco. Hace ademán de ir a buscarla, pero desiste al pensar en que Raúl o Lucas puedan verla. “No cojo la toalla, pero ¿qué hago? Me estoy empapando la camiseta y me voy a constipar. Bueno, ya pensaré en algo de camino a casa”, piensa.
En una casa alejada de aquel lugar
Sandra consigue por fin librarse. El padre de Jake le ha vuelto a obligar a hacerlo. Esta vez sí lo ha cumplido, le ha amenazado con pegar a una compañera nueva si no lo hacía. La chica la trajeron ayer a la madrugada y tiene quince años. Es la más pequeña del grupo. Si es que se puede llamar grupo a unas cuantas chicas secuestradas, claro. “Ya no les importa secuestrar a niñas pequeñas, antes les importaba pero ahora solo piensan en ganar dinero. Creen que se han montado un buen negocio”, piensa Sandra. No ha querido dejar que le pegasen, piensa que es demasiado pequeña para merecer estar aquí, aunque tampoco es que ninguna lo merezca, y que bastante tiene ya con lo suyo para tener que pagar por lo de los demás. Así es que se ha dejado hacer: lo ha sufrido todo en silencio, sin quejarse un momento.
Al salir se ha ido a la que se supone que es la habitación de las chicas, pero nadie diría que es una habitación. Las paredes pintadas de blanco se caen a pedazos. El suelo está formado por baldosas, muchas de ellas rotas. Encima de estas unas veinte mantas esparcidas por toda la habitación y en una esquina una lámpara sobre el suelo. Sandra coge una de las mantas, se sienta en el frío suelo y se cubre con ella. Siente el frío suelo bajo ella, pero no le importa. Ya nada le importa, excepto escapar de allí, el que no peguen a las demás chicas por culpa suya y, por supuesto, Jake. Jake le importa ya demasiado. Decide ir a buscarlo, con cuidado para que no los descubran. Si no podrían tener serios problemas.
Sube las escaleras que llevan a la habitación de Jake con sumo cuidado. Pero el crujir de las escaleras le delata. “El mal ya está hecho, sí me pillan me pillaron”, piensa mientras echa a correr escaleras arriba. Al llegar arriba apoya la oreja sobre la puerta. Silencio. Le parece que no hay nadie, pero abre la puerta sigilosamente: para asegurarse. Dentro no ve nada más que un bulto sobre la cama. Entra en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Se acerca de la cama y ve a un Jake, que duerme profundamente. Se sienta en el borde de la cama, procurando no despertarlo. Lo ve tan indefenso durmiendo que no puede evitar arroparlo. Mientras, su corazón late a cien por hora.
Permanece mirándolo hasta que Jake abre poco a poco los ojos. Dejando que se acostumbren a la luz que se filtra por la ventana. Jake sonríe al verla, a la par que se incorpora.
—¿Qué haces aquí?
—Pues venía a verte y a hablar contigo. Pero al parecer el señorito es un vago perezoso y prefiere dormir. —Dice poniendo, o intentando poner, cara de enfado.
—Es que tenía sueño. —Se excusa—. Pero, ¿qué ha pasado? ¿Te ha vuelto a hacer algo mi padre? —Dice preocupado.
—Sí, bueno no. Haber no me ha pegado, pero porque sí no lo hacía le pegaría a la nueva. Ya sabes, esa que vino a la madrugada.
—¿Entonces lo has hecho?
—¿Qué otra cosa iba a hacer?
Jake no contesta. Se acerca a ella y la abraza sin decir nada más. Es su forma de intentar reconfortarla y ella se lo agradece profundamente.
—Gracias maitia[1].
—Ya verás, un día vamos a irnos de aquí. Nos escaparemos.
—Sabes que hay seguridad por todas partes. —Dice poco  esperanzada—. Solo te dejan salir a ti, y solo por la parte de atrás, la que lleva al monte. Porque saben que por ahí no puedes avisar a la policía ni a nadie. Por allí no pasa nadie.
—Joder, no me seas tan negativa. Saldremos de esta, ya lo verás y volverás a ver a tus padres.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo. —Dice poniendo la mano como si estuviese haciendo un juramento.
—¿Y me prometes también que seguirás estando a mi lado pase lo que pase?
—Nunca podría dejarte. Ni aunque quisiera.
Sandra le mira, emocionada. “Es lo mejor que se pueda encontrar“, piensa. Jake también la mira, fijamente. A esos ojos que le vuelven loco desde el día en que la vio. Jake cree que es el momento: acerca su cara poco a poco a la de ella y la besa. Ella no lo rechaza. Es un beso tierno y sincero, que ninguno de los dos olvidará nunca. A pesar de que los dos no son felices en aquel lugar, en aquellos momentos se consideran las personas más felices del mundo.
En casa de Annie a esa hora
Annie llega a casa, evitando la mirada de sus padres, que quieren saber que le ha pasado para llegar así. Ella solo les dice que no quiere hablar de ello y sube a su habitación. Dejando a sus padres más preocupados si cabe.
Annie entra en su habitación y se tumba en la cama a pensar. Al poco rato se duerme, cayendo así en un profundo sueño.
Se despierta a las pocas horas. Mira el reloj: las seis y veintitrés de la tarde. Ha dormido casi cuatro o cinco horas. Se acuerda de la pelea. Sigue aún tan molesta que ni siquiera tiene hambre. Entonces se le ocurre que seguirá por su cuenta. Mañana por la mañana irá a casa de Sandra y preguntará a sus padres. No será plato de buen gusto, pero solo así podrá averiguar más cosas. Sale de su habitación y se dirige a la cocina, si mañana tiene que investigar tendrá que hacer los deberes hoy y no se puede pensar con el estomago vacío, aunque no se tenga hambre.


[1] 1. Maitia: Cariño en vasco o euskera, idioma de España.

Eso es todo^^ Besos!



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