miércoles, 6 de junio de 2012

Las apariencias engañan. Capítulo 2.

Hola soñadores!!^^ Por aquí os dejo el capi dos de esta historia :)


Capitulo 2

—Entonces sí que la secuestraron.
—Eso parece, en fin misterio resuelto. ¿Vamos ahora a tomar algo?
—¿Por qué tienes ese empeño en que vayamos a tomar algo?
—Porque quiero invitarte a algo, princesa.
—Bueno, pues ya iremos luego. —Dijo mientras se sonrojaba—. ¿Por qué creéis que la secuestraron?
—¡Qué sé yo! La verían y dirían esta tiene pasta vamos a secuestrarla. ¿Qué? —Dijo al ver sus caras—. Es una buena teoría.
—Ya… Igual la necesitaban para algo. Podríamos mirar por ahí. Igual hay alguna marca de que la forzasen a subir al coche o podríamos preguntar. Quizás alguien más vio algo.
Llegaron a la esquina de la calle dónde se suponía que todo había pasado. Pero no había nada que indicase que ahí había pasado algo. Los chicos decidieron separarse, cada uno iría preguntando por un lado y después se reunirían en la cafetería, para tomar algo. “Ya era hora” había pensado Lucas.
En una casa alejada de la ciudad
—Muy bien, Sandra. Vas a bajar ahí y vas a hacer lo que te hemos dicho, ¿está claro? Y si dices algo. Ya sabes lo que pasará. Yo que tú no intentaría nada.
—Sí. —Dice temblando.
Baja las escaleras y entra en la otra habitación. No está preparada para ello, no puede siquiera pensarlo. “¿Por qué a mí?“, piensa desconsoladamente, “yo no he hecho nada para merecerme esto, claro que ninguna de las que estamos aquí se lo merece”. Un hombre la espera en la habitación.
La habitación está pintada de un color morado clarito, color que a Sandra le infunde tranquilidad. Pero, a pesar de ello, Sandra no está preparada.

—Ya era hora. ¿Empezamos?
—Yo… No puedo. —Dice saliendo de la habitación.
—Sandra, ¿qué estás haciendo? ¡Entra ahí ahora mismo!
—No puedo, no puedo. —Dice llorando y cayendo al suelo.
Unas horas más tarde en una casa de Ghillie Dhu
Rose, la madre de Sandra llora desconsoladamente en brazos de su marido.
—Aparecerá, ¿verdad?
—Claro que sí. Aparecerá o perseguiré medio, no, el mundo entero buscándola.
Jared y Rose se abrazan más fuerte reconfortándose mutuamente. Nunca pensaron que a ellos les pudiera pasar eso. Lo que más les fastidiaba era que nadie supiera nada. Volvieron a llamar a la policía para saber si había novedades, pero no había ninguna. Nadie se imagina lo que es perder una hija, pero ellos lo sabían. Y no se lo desearían ni al peor de sus enemigos.
Diez de la noche, en una casa alejada de la ciudad
En una habitación vacía de la casa un hombre le está dando una buena paliza a Sandra que acepta todos los golpes sin apenas moverse, prefiere que el castigo haya sido solo para ella. No quiere que peguen también a sus compañeras. “Ellas no tienen la culpa”, piensa.
El hombre parece disfrutar pegándole, sin remordimiento alguno, hasta hacerle sangrar y llenarla de moratones. Cuando ya está satisfecho la deja tirada en el suelo y sale de la habitación. Sandra se agarra de las rodillas y se balancea, presa del miedo. Y llora desconsoladamente. De repente oye la puerta abrirse silenciosamente. “O no, ha vuelto”, piensa cerrando los ojos. Pero sonríe al ver que quien entra es otra persona.
—¡Jake! —Dice saltando a sus brazos—. ¿Qué haces aquí?
—Vengo a curarte, te oí. No puedo dejarte así.
—Pero si tu padre se entera…
—¡Me importa una mierda lo que me haga mi padre! No puedo dejarte así.

Jake es un chico castaño de ojos verdes y alto. Abre el maletín que lleva consigo y saca el agua oxigenada y el algodón. Empieza a curar las heridas que llenan todo el cuerpo de Sandra, mientras está se lo agradece profundamente.
Esa misma hora, en casa de Annie
Annie llega a casa, le da un beso en la mejilla a su madre como saludo y sube a su habitación. Se tumba en la cama a pensar.
“Ha sido un día duro”, piensa mientras recuerda los interrogatorios. Ella ha preguntado a un par de señoras, pero no ha tenido suerte. Lucas y Raúl tampoco han tenido mucha suerte. Aunque Lucas no ha puesto mucho de su parte en intentar averiguar algo. Después han ido a tomar algo, como habían quedado. Lucas les ha invitado a todos a un refresco. No te acostumbres a que lo haga, le había dicho Raúl. Ella simplemente se había reído. Raúl y Lucas le caían bien, eran un poco raritos, pero majos al fin y al cabo. Aunque había algo en ellos…  Algo que no sabía bien lo que era, pero que estaba ahí. No sabía explicar que era, pero tenían algo extraño.
—¡Cariño, al teléfono!
—¡Voy! —Dice mientras se lanza escaleras abajo.
Era Raúl que le llamaba para quedar mañana para ir a clase.
A esa misma hora, en una casa lejana a esa
Raúl acaba de quedar con Sandra para ir mañana a clase. Mientras, Lucas sigue intentando averiguar cómo funciona el televisor. Raúl alza los ojos al cielo.
A la mañana siguiente, en la puerta del instituto
Nuestros chicos se encuentran en la entrada del instituto y, juntos se dirigen a clase. Mientras esperan al profesor retoman la conversación del día anterior.
—Podríamos hablar con los padres de Sandra. Si alguien sabe algo son ellos seguro.
—Ya… pero tío, tú imagínate que pierdes a tu hija y encima no paran de preguntarte sobre ella.
—Bueno, ¿Y si lo dejamos por hoy? Tengo una idea para esta tarde.
—¿Qué idea? —Dice desconfiada.
—Hoy es viernes, ¿a qué hora tienes que volver a casa?
—Puedo volver tarde si ese es el problema. ¿Sabes? El toque de queda de los viernes me lo quitaron hace ya. Y, ¿adónde vamos?
—Al parque de atracciones. Bueno, más bien, a la casa del terror.
—¿Qué? Pero… ¿Tú sabes el cague que da esa casa? Que a mí me contaron como era antes de venir aquí. Bueno vale que soy un pelín miedosilla, pero…
—Bueno, vale. Si tanto miedo te da no vamos, miedosilla. No, es mejor montar en el tren de la bruja, ¿o ese también te da miedo? —Dice con un tono lleno de burla.
Oye, perdona, sin pasarse ¿eh? Está bien, vamos a ir y yo voy a entrar la primera. —Dice chula.
“Perfecto, así se distraerán de seguir investigando”, piensa Lucas.
El profesor llega y todos se sientan en sus sitios. Las próximas clases pasan sin novedad.
En una casa alejada de la ciudad
—¡Hey! ¿Cómo estás?
—Mejor, pero me duele todo. Tu padre me dio una buena paliza.
—Lo sé… Lo siento mucho. —Dice apenado—. Si por mi fuera ahora mismo os sacaría a todas de aquí, pero la puerta está vigilada. Yo ya no sé qué decirle a mi padre. He intentado de todas las formas posibles hacerle entrar en razón pero no hay forma.
La puerta de la habitación se abre de golpe interrumpiendo a ambos. El padre de Jake, un hombre de ojos marrones y mirada asesina, robusto y con cara de pocos amigos irrumpe en la habitación sobresaltándolos.
—¡Jake! ¡¿Qué narices estás haciendo aquí?¡ ¿Cuántas veces te tengo que decir que son nuestras rehenes y no nuestras amigas? ¡Sal de aquí inmediatamente, si no quieres que te meta una buena ondanada de ostias!
—Sí, papá. —Dice en tono de enfado.
—¡Y a mí no me hables con ese tono! Y tú, —dice señalando a Sandra— tengo otro trabajo para ti. Y como me vuelvas a fallar, te juro que te vas a arrepentir toda tu miserable vida. ¡¿Esta claro?!


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