jueves, 7 de junio de 2012

Hacia la luz Azul. Capítulo 2

Hola soñadores^^ Vengo a traeros el capítulo 2 de Hacia la luz Azul^^


Capítulo 2
Abro los ojos. Veo mucha luz, debe de ser de día. Ha tenido que ser todo un sueño. ¡Eso es! Ha sido una pesadilla, una pesadilla tan mala que mis padres al ver que estaba tan mal ni siquiera me han despertado para ir al instituto. Han pensado que estaba enferma. Alargo la mano para coger el móvil, pero no puedo. ¡Ay! Me duele muchísimo la muñeca. La miro y veo que está vendada. ¡Mierda! Entonces ha sido real, acostumbro a hacerme muchos esguinces por todo, pero nunca mientras duermo. Cojo mi móvil con la otra mano y lo miro: ninguna llamada perdida ni ningún mensaje. Busco en los contactos y llamo a Jake. Da tres pitidos y oigo como coge, pero no habla.
—¿Jake? ¿Estás ahí?
—Sí.
—No, cómo no me hablabas. ¿Se sabe algo?
—Nada. Llevan toda la noche rastreando por la cala y nada, a las cuatro empezaron a mirar por los alrededores.
—¿Dónde estás? —digo con tono de sospecha.
—En la cala.
—Jake, ¿cuánto has dormido? Mejor dicho, ¿cuándo volviste después de que nos fuésemos todos?
—A las dos.
Miro mi reloj; las 10:13. Lleva ocho horas allí, sin contar las horas que estuvimos ayer. Este chico está realmente loco por Emily.
—En una hora estoy allí.
Y cuelgo. Me levanto, voy hacia la cocina y veo una nota de mis padres:
Cariño:
Nos hemos ido a trabajar, ya sabes que volveremos por la tarde. Por favor, come algo. Ayer te quedaste dormida en el coche de vuelta y no quisimos despertarte. Tienes macarrones en la nevera. Cualquier cosa me llamas. Muxus,
mamá y papá.
Genial, ya se han ido. Con el tiempo me he acostumbrado a valerme por mí misma, ellos nunca están en casa. Abro el frigorífico y saco una manzana. No me entra nada, pero si no como voy a estar peor. Me visto y salgo de casa, manzana en mano. Les he dejado una nota a mis padres, aunque se preocuparán igualmente, siempre lo hacen.
*****
—Hola —saludó a Jake al llegar—. ¿Te trajo tu padre?
—Sí, se quedó conmigo hasta las cinco, pero entraba a las seis y media.
—¿Te ha dicho algo la pol?
—Sólo que debería irme a casa, como unas cincuenta veces. Que por estar aquí no hago nada, más que perder clase.
—Hoy teníamos examen, Emily y yo llevamos una semana estudiando.
—¿Qué crees que le ha podido pasar?
—Si lo supiese Jake, si lo supiese. No estaríamos aquí, por ejemplo. Ahora mismo estaríamos en clase comentando lo chungo que era el examen, quejándonos de que el profe nos tiene manía, y de que tenemos todo el cuerpo magullado por las rocas.
—¿Cómo tú el brazo? ¿Qué te ha pasado esta vez? ¿Esguince otra vez?
—Sí, me lo hice ayer, mientras buscaba a Emily.
—Lo siento, estaba tan preocupado por ella que ni siquiera presté atención a si tú estabas bien.
—Tranquilo. ¿Tú te hiciste algo grave?
—Tengo la rodilla izquierda hinchada y está llena de heridas, la espalda también la tengo llena de heridas. Y las manos… bueno ni siquiera puedo usarlas —, dice enseñándomelas.
Pasamos el resto del día allí sentados, mirando el mar, en silencio. Sólo esperando verla aparecer. A Emily. Mi casi hermana y su novia. ¿Por qué nos haces esto Emily? Jasper se queda dormido después de un par de horas. No me extraña, el pobre no ha pegado ojo en toda la noche. Se despierta después de un rato, cuando se oye un coche patrulla aparecer. ¿Refuerzos? ¿Han pedido refuerzos? El corazón me late a mil por minuto. Sólo soy capaz de pensar: ya está la han encontrado. Y aunque parezca mentira; así es. la han encontrado, aunque yo no diría sana y salva, por desgracia. Hago que Jake se termine de desvelar.
—¿Qué pasa? —Dice sobresaltándose.
—Ya está, la han encontrado.
—¿Te lo han dicho? —Dice alzándose de un salto del muro.
—No hace falta. Viene una camilla.
—No, por favor dime que no, Annie, dime que no —, dice escondiendo su cara en el hueco entre mi hombro y mi brazo, y empezando a llorar.
—Ojalá pudiese Jake, ojalá pudiese.
Me lanzó corriendo hacía la camilla. Esto no puede estar ocurriendo. ¡No quiero que esté ocurriendo! Jake salta las vallas que ha puesto la policía, se pelea con los que están allí, impidiendo el paso a todo el mundo, grita, pelea y finalmente consigue acercarse a la camilla. Llora sobre ella y la abraza. Me acerco despacio y miro a los policías, sin decir una palabra, Pidiéndoles una explicación con la mirada. ¡Sois policías, vuestro trabajo es proteger a la gente!, ¿cómo habéis dejado que esto pasase?; me apetecería gritarles, pero me contengo.
—¿Está…? —pregunto con lágrimas en los ojos.


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