sábado, 2 de junio de 2012

Hacia la luz azul: Capítulo 1

Hola soñadores! Os traigo otra historia^^ Esta la vengo escribiendo desde hace un par de días y, al menos por el momento, no la estoy abandonando por lo que estoy muy orgullosa con ella^^ Os dejo por aquí el capi 1:


Capítulo 1
—¡Annie, levántate o llegarás tarde al colegio!
—¡Ya voy, mamá!
Me visto corriendo y bajo corriendo escaleras abajo. Estoy a punto de salir por la puerta cuando mi madre me para los pies:
—Pero, come algo al menos. ¡Tendrás que desayunar algo!
—No tengo tiempo, mamá. Llegaré tarde —le digo mientras salgo por la puerta.
Al salir fuera me doy cuenta de que Emily me estaba esperando fuera. Emily. Mi mejor amiga desde siempre. No recuerdo un solo día en el que no hayamos estado juntas. Es alegre como nadie, siempre tiene una sonrisa guardada para todo el mundo. Incluso en los peores momentos consigue sonreír, no sé ni cómo lo hace, pero lo hace. Es increíble.
—Ya era hora. ¿Sabes el rato que llevo esperándote?
—Lo siento, se me hizo tarde.
—Ya tarde —, dice con tono irónico—. Más vale que te des prisa si quieres llegar a la excursión.
Empezamos a andar camino hacia el metro. Hoy tenemos una excursión: vamos a ir a un sitio donde te llevan a una especie de cala para enseñarnos las diferentes especies marinas que la habitan. No es que la excursión me entusiasme especialmente, pero es obligatoria. Llegamos al metro a las ocho en punto. Menos mal, hemos llegado justas pero hemos llegado, que es lo importante. El profesor está pasando lista, parece que estamos todas. Emily se aleja y se va con Jake, su novio. Jake es alto, castaño y de ojos verdes. Hace aproximadamente un año Jake le confesó a Emily que la quería, le dijo que tenían que hablar y cómo no se atrevía a decírselo se lo escribió. Ella lo leyó y tras hacerlo se lanzó a sus brazos, desde entonces salen juntos.
Yo me acercó a las otras compañeras y las saludó. Entramos en el metro y nos subimos, nos queda una larga hora de viaje hasta que lleguemos. Perfecto. Me pongo los cascos, enciendo mi querido mp4 y me abstraigo en mi mundo. Emily y Jake se sientan juntos, pero prefiero dejarles solos. Mis compañeros de clase me invitan a sentarme con ellos, pero les digo que no, prefiero escuchar música. Ellos hablan, ríen, se gastan bromas entre sí, molestan al resto de pasajeros… Yo disfruto viéndoles y sonrío, me caen bien.
*****
Cuando llegamos a la playa dejamos las mochilas en una especie de cuevas y nos lanzamos a las rocas, en busca de pequeños animales marinos que poder investigar. Echó a correr hacia las rocas, dispuesta a treparlas todas para llegar lejos. A pesar del miedo a caerme, porque soy realmente torpe, ninguna roca ni pequeño charco de agua me para los pies.
—Yo voy por allí, ¿te vienes? —le digo a Jasper.
—¿Tengo que ayudarte a trepar las rocas para que no te pase nada? —me dice en tono bromista.
—He llegado sola hasta aquí, ¿no?
—Cierto, entonces no me necesitas. Mi niña ha crecido, ya no me necesita —, dice fingiendo llorar.
—¡Tonto! Ven vamos, anda.
Lo cojo de la mano y lo empujo hacia delante. Yo corro por entre las rocas, me caigo, resbalo y tropiezo, pero sigo adelante y él me sigue de cerca protegiéndome, no dejando que me pase nada. Jasper. Es el mejor. Lo conozco desde hace por lo menos cinco años y siempre hasta ahí. Cuando lo necesito está ahí, y cuando no quiero admitir que lo necesito, también. Es el mejor amigo que se puede tener. Me agachó sobre una roca y meto la mano en el agua. Está fría, pero me gusta. Toco las algas y levanto las piedras, en busca de algún cangrejo.
—¿Encuentras algo por ahí? —dice Jasper acercándose a mí.
—No, bueno he encontrado un pepino de mar. Es viscoso. Pero está pegado a esta roca.
—Déjame ver —dice acercándose más e intentando cogerlo—. Es imposible, parece que lo hayan pegado con lotite.
Me río ante esa ocurrencia y sigo buscando, trepando, y desapareciendo poco a poco entre las rocas con Jasper detrás. Del resto de compañeros sólo sé que los hemos dejado atrás, pero de repente veo como se acercan.
—Vamos a la cascada de allí, ¿venís?
—¡Yo sí! —digo echando a correr otra vez.
Y así feliz como estoy, me doy cuenta de que están todos delante. Sí, todos menos Emily y Jake. Miró por detrás, pero tampoco los veo. Bueno, habrán querido estar solos un rato. Y sigo caminando. Llegamos a la cascada y nos sentamos. Cada cual a su aire, como solemos hacer. Unos se sientan cerca del agua, otros entre las rocas que la rodean…
Decido hacer una de mis locuras y me aventuro adentro del lago, saltando entre las rocas que hay dentro de él. Consiguiendo pasarlo sin mojarme. Veo que llega Jake y me asusto. No me asusto por verlo, no. Me asusta el ver cómo llega. Tiene los pantalones rasgados, sangre por todas partes en pequeñas heridas y está empapado.
—¡Jake! Pero, ¿qué te ha pasado? —digo saltando corriendo hacia él por las piedras.
—Emily, ¿la has visto? —me dice sacudiéndome los hombros.
—No, pero ¿no estaba contigo?
—Sí, es decir, no. Estaba conmigo, pero me preguntó que si íbamos a ver qué estabais haciendo. Le dije que se adelantase porque yo quería mirar antes una cosa. Entonces ella me dijo que iría por las rocas lisas porque el camino era más corto…
—Pero estaba prohibido ir por ahí. Nos lo ha dicho antes la monitora.
—Pues no se habrá enterado, el caso es que se ha ido por ahí y cuando he ido a buscarla no la he visto. No estaba por ninguna parte. Me he asustado y he venido corriendo hasta aquí. Por eso estoy así, me he caído varias veces —, dice con cara de circunstancias.
—Vale tranquilicémonos, seguro que está bien. Habrá ido por el otro camino y se habrá perdido.
—No, ese camino sólo llega hasta aquí.
—Bueno pues lo habrá visto muy difícil y habrá dado media vuelta. ¿La has llamado?
—Emmm…
—¡Jake, joder! ¿Para qué existen los móviles?
La llamo ante la mirada inquisidora de todos. Apagado o fuera de cobertura, llamo otra vez. Nada. Miró mi móvil: hay cobertura.
—Lo tiene apagado.
—Sabes también como yo que Emily NUNCA tiene el móvil apagado —dice Jake, preocupándose cada vez más, y recalcando la palabra nunca—. ¿Dónde ostias se habrá metido?
Nuestros compañeros, pendientes todo el rato de la conversación entre Jake y yo, se dividen para buscar a Emily. Nos repartimos por toda la cala, pero no la encontramos. Los profesores y la monitora también buscan. La llamamos a gritos, pero no hay respuesta.
Empiezo a asustarme de verdad, Emily nunca desaparecería sin más.
Son las 16:24 hemos buscado durante horas, pero no ha aparecido. El profesor ha llamado a la policía y están rastreando la zona. Aún no me lo creo, Emily desaparecida. No es justo, no es justo que siempre pasen cosas malas cuando menos te lo esperas. Claro que estas cosas nunca se esperan.
Los padres han venido y se han llevado al resto de alumnos, solo nos hemos quedado unos pocos: Jake, Jasper, Sally, Kaitlyn, Harry y yo. A Jake no puedo ni mirarle sin que me entren ganas de llorar, está destrozado, quiere muchísimo a Emily. Ha buscado más que nadie, sin rendirse y cuando ha venido la policía a cerrar la zona ha discutido con ellos para que le dejasen seguir buscando, pero no lo ha conseguido. Le han intentado curar las heridas y que se secase un poco la ropa, pero se ha negado. Ha declarado que no se moverá de allí hasta que no vea a Emily sana y salva. No deja que nadie se le acerque para ayudarle. Me da verdadera lástima. He intentado que cooperase, pero solo he empeorado las cosas. Los demás están más o menos bien, tienen todos mantas por encima, porque se han mojado bastante buscando a Emily, y se abrazan todos entre sí, compartiendo su dolor. El dolor de no saber que ha sido de Emily.
Yo tampoco las tengo todas conmigo, me he hecho bastantes heridas mientras la buscaba y me he torcido la muñeca, ¿cómo no? Algo me tenía que pasar, ¿no? No me llaman torpe por nada. Pero no me importa, ahora mismo sería capaz incluso de romperme a pedazos con tal de saber dónde está Emily. Mis padres se han enterado de todo y me han llamado; no les he cogido el teléfono, ahora mismo no me interesa lo que tengan que decirme.
Me acerco a Jake y me siento a su lado, en silencio. Me mira, se da cuenta de que ambos estamos congelados, pero nos negamos a abrigarnos hasta que no aparezca.
—¿Qué vamos a hacer? —le digo bajito.
—No lo sé —me dice conteniendo las lágrimas.
—Es culpa mía, me di cuenta de que no estabais, pero pensé que habías querido estar solos. ¡Tendría que haber ido a buscaros, joder! —digo empezando a llorar de pura rabia.
—Ven —, me dice mientras coge una de las mantas. Me pasa el brazo por los hombros y nos tapa a ambos con la manta—. No es culpa tuya, ¿me oyes? —Me doy cuenta de cómo intenta contener las lágrimas—. Es culpa mía. No tendría que haberla dejado sola. Tendría que haberla acompañado. El puñetero cangrejo hubiese seguido ahí luego. ¡Todo esto es culpa mía!
—No, no es culpa tuya —, digo mientras le abrazo—. Va a aparecer, ¿me oyes?
—Annie, te juro que cómo le haya pasado algo me muero.
—Y yo contigo, es que no es mi amiga, es cómo una hermana para mí. No lo soportaría.
No hablamos más de ello, no queremos saberlo. No nos interesa. Veo cómo él llora en silencio, yo también lo hago. Intentamos consolarnos mutuamente, pero es imposible, ambos sabemos que algo grave ha pasado. Es imposible intentar engañarnos. Después de un rato se nos acerca el profesor de la excursión junto con un policía.
—Es mejor que os vayáis a casa, chicos. Esta noche no vamos a poder hacer nada más. Nosotros seguiremos buscando, en cuanto sepamos algo os lo diremos.
—¡NO! —gritamos Jake y yo a la vez.
—Acabamos de llamar a vuestros padres, están a punto de llegar.
—No pienso moverme de aquí hasta que sepa que está bien.
—Yo tampoco.
—Vamos, chicos necesitáis descansar. Ha sido un día muy duro.
—Ahí están vuestros padres —, dice el policía.
—Cariño, vámonos tienes que descansar —. Mis padres, siempre llevándome la contraria.
—Ya os he dicho que no me voy a ir. Me quedo aquí.
—Y yo también, papá —, le dice Jake a su padre. Él tendrá que entenderle, perdió a su mujer cuando nació Jake.
—Jake, se lo mucho que quieres a Emily, pero no puedes pasarte aquí todo la noche. Vámonos a casa descansas un rato, comes algo y después volvemos. ¿Trato hecho?
—Está bien. Pero no puedes obligarme a quedarme en casa cuando quiera volver. —Dice separándose de mí, tirando la manta al suelo y subiendo al coche de su padre. No se despide, no dice nada, simplemente se va. Y es mejor así, sino puede que yo rompiese a llorar, otra vez. Los demás también se van, sólo Jasper se queda.
—En cuanto se sepa algo nos llamamos, ¿vale?
—Ajá.
—¿Quieres que me vaya contigo?
—No, no te preocupes, estoy bien —, miento.
—Ven.
Me atrae hacia sí y me abraza, como hace siempre que me ve mal. Y yo rompo a llorar otra vez, me estoy volviendo una floja, jo. Después de un buen rato, cuando ve que estoy dejando de llorar, se despide y se va. Yo hago lo mismo, volveré en cuanto pueda. Subo al coche y miro el reloj: las 23:06, ¿Emily dónde estás? Lo último que veo es la cala alejándose y me quedo dormida.



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