lunes, 28 de mayo de 2012

El jardín de la abuela.

¡Hola a todos! Para estrenar el blog con su primera historia os voy a dejar esta historia^^ La escribí hace un tiempo para un concurso de relatos que organizaron en un roro y no tiene continuación (por mucho que me lo pidiesen sí, termina así xD)

El jardín de la abuela

¡Era el jardín de mi abuela! No podía creerlo. Me recogí el vestido y eché a correr hacía él. Estaba segura era el jardín de la abuela. Lo había encontrado. ¡Por fin! Llevaba tanto tiempo buscándolo.

—Has tardado mucho en encontrarlo.—Dijo una voz a mi espalda.
—¿Tú qué haces aquí?
—Esperarte, resulta obvio, ¿no?
—Y, ¿para que ibas a querer verte conmigo? Ya lo dejaste bastante claro el otro día, ¿no?— Dije mientras apretaba los ojos en un intento por contener las lagrimas.
—Todavía no lo has entendido, ¿verdad?
—Entender, ¿qué?—Las lagrimas se precipitaban por mis ojos. D e puro dolor. La angustia de volver a verlo después de aquella pelea, me estaba ahogando.
—Que era lo que tenía que hacer. Annie, tú y yo no podemos estar juntos. Y sigo pensándolo.

“Y encima tiene la cara dura de venir hasta aquí y esperarme solo para decirme eso”

—Pero, —continuó— eso no quita el que le prometiese a tu abuela que conseguiría que encontrases este sitio por ti misma.
—Tú pusiste las pistas ¿verdad? —Intentaba que mi voz sonase tranquila, pero la tristeza me corrompía por dentro e inundaba mi voz.
—En efecto, fui yo.
—Muy bien… pues ahora… ahora vete. ¡Y no vuelvas! ¡No quiero volver a verte! ¡No quiero saber nada más de ti! ¿Te enteras? —Caí al suelo, hundida en mi propio llanto.
—No puedo. No puedo irme y dejarte así.
—¡Tú tienes la culpa de que este así! Me dejaste quererte. Me hiciste enamorarme de ti como una gilipollas, para después de saberlo todo, después de aceptarte tal y como eres decirme que no puedes estar conmigo. Qué eres peligroso. ¡Já! Y un cuerno, ¿sabes? Si fueses peligros, si hubieses querido atacarme, ya lo hubieses hecho. Mucho antes de que yo supiera tu secreto.
—Pero, ¿es que no te das cuenta? ¿No te das cuenta de que todo esto lo hago por ti? ¿De qué lo hago para protegerte? Yo ya soy bastante raro, no quiero que tú lo seas también.
—¡Pero a mí no me importa lo que eres! ¿Y que si tus padres eran enemigos mortales?
—¿Enemigos mortales, Annie? Eran más que eso. Yo no debería existir. Nunca debería haber nacido. Una vampiresa no puede tener un hijo con un hombre lobo. Eso no debería existir. ¡Yo no debería existir! Soy una malformación, Annie. Y muy peligrosa además. Lo siento, princesa. No te haces una idea de lo que me duele dejarte, pero no saldría bien.
—¡Claro que saldría bien! —Exclamé.
—No, princesa. No saldría bien. Créeme. Nunca te olvidaré. Eres fantástica. Lo mejor que me ha pasado.

Se dio la vuelta, listo para marcharse y dejarme ahí hundida en mi gran depresión.

—Te quiero. —Le dije.
—Y yo, princesa, y yo. —Fue lo último que le oí decir antes de sumirme en un llanto incontrolable.



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